El gomeru

Lanzadera anarquista de Asturias

[opinión] Reflexiones sobre la organización

El pasado sábado (19 de octubre de 2013) acudí a la charla de Agustín Guillamón en el Centro Social Sestaferia sobre los comités de defensa de la CNT en Barcelona. Tanto la charla como el posterior debate fueron muy interesantes y de un nivel que harían palidecer a lo que se hace en y por otros foros que se tienen por catedrales de la intelectualidad. Desde aquí mi felicitación a los organizadores (CS Sestaferia y Biblioteca Crimental).

De lo que quiero reflexionar aquí no es del contenido histórico objeto de la charla, si no de la ideología que rezumaban algunas de las intervenciones que se oyeron en el debate posterior. Una de las partes más jugosas de dicho debate fue la discrepancia entre varios de los participantes sobre si el proletariado de la época era en su mayoría revolucionario o si esto estaba inflado, idealizado se llegó a decir.

En la discusión de este tema se utilizaron términos ambiguos, no sé hasta que punto deliberadamente ambiguos. El que más me llamó la atención fue el uso de “la organización”. Por momentos no sabía hasta qué punto se estaba hablando de “la Organización” (con mayúsculas) como nombre propio sinónimo de CNT o de “la organización” (con minúsculas) como sustantivo común para denominar al hecho de estar organizado. Y es que, por momentos, parecía que hubiese encima de la mesa de debate dos sujetos distintos: el proletariado y la CNT, esta última como algo externo, ajeno al proletariado. Incluso por momentos había hasta tres actores diferentes: el proletariado, la CNT y los dirigentes de la CNT, lo que aumentó aún más mi confusión.

La digestión, a lo largo de los siguientes días, de todo lo oído en este debate, me indujo a escribir el presente artículo. El uso del lenguaje es una herramienta ideológica. El alto nivel de las intervenciones del debate que presencié el pasado sábado me hace pensar que este lenguaje, esta ambigüedad en los términos, no es inocente. Que por momentos pareciere que la CNT y el proletariado eran dos realidades distintas sería una de esas trampas dialécticas. La conclusión implícita en este lenguaje ideologizado es que la CNT es un ente que le sale al proletariado en la chepa, jorobándolo. El proletariado es un cuerpo, revolucionario por naturaleza, al que le salen enfermedades: las organizaciones sindicales. Una de estas enfermedades, la CNT, al principio parece benévola, pero acaba inexorablemente en metástasis, que mata la esencia revolucionaria del proletariado. Y esto es así siempre, como un hecho determinista: No hay nada bueno en las organizaciones del proletariado.

El tema sobre el que quiero reflexionar se puede formular con la siguiente pregunta: Surge la CNT hacia el proletariado revolucionario para fagocitarle, o es el proletariado revolucionario el que toma cuerpo organizándose como CNT. Yo más bien pienso lo segundo. Voy a tratar de argumentarlo.

Veamos un ejemplo actual, el 15M. Este movimiento tiene como una de sus características identitarias, posiblemente la identidad fundamental que lo aglutina, el rechazo absoluto de las organizaciones tradicionales, sindicatos incluidos.

Y como corolario fundamental de este elemento identitario, el 15M se niega a ser una organización y se define a sí mismo como “movimiento”. El 15M no está, por lo tanto, enfermo de ese mal que aquejó al proletariado revolucionario, el anarcosindicalismo; ni de ninguna otra forma de sindicalismo o partido político.

Si bien tiene otra enfermedad mucho peor, el ciudadanismo (interclasismo), el hecho de “la organización” (con minúsculas = hecho de estar organizado) no tiene ninguna repercusión en lo que de él se destile. Y el destilado del 15M deja una esencia que se ha evaporado muy rápido. Tampoco pretendo inducir lo contrario: no tengo ni idea de lo que hubiese sido del 15M si hubiese cristalizado en una organización, ni que esa organización hubiese derivado en algo bueno. Lo relevante del 15M, es que la inmensa mayoría de los que de él participaban no se creían lo que estaban reivindicando. Hasta el punto que se reivindicaba lo uno y lo contrario, como el asamblearismo, la democracia real y la reforma de la ley electoral al mismo tiempo. Como siempre, la acción es la expresión de la voluntad real. Y cuál fue el fruto (concreto) de la acción del 15M: nada. Y fue nada, porque la voluntad real de los que participaban del 15M era otra, seguramente la queja, pero mayoritariamente no querían cambiar nada.

Esto mismo es aplicable a las “mareas” (la verde, la blanca, la negra…). No es creíble que movimientos como estos, que parecen abrumadoramente mayoritarios entre los trabajadores afectados, no hayan conseguido la más mínima reforma de los recortes que se supone combatían. No consiguieron nada porque salieron a la calle sin voluntad de cambiar nada. Las mareas no me sirven como ejemplo porque están enfermas del mal del sindicalismo.

Pero de una expresión del sindicalismo que lleva años adoctrinando a los trabajadores para que deleguen sus responsabilidades. Las “mareas” salen a la calle pidiendo “que alguien haga algo”, sin darse cuenta que, o los protagonistas de la acción son ellos directamente, o no hay acción (no hay cambios). Sin embargo, las “mareas” me sirven para ilustrar el mismo fenómeno: Existe una responsabilidad en los protagonistas. Los trabajadores pueden optar por otras opciones de organización sindical, de organización a secas u optar por el consejismo y rechazar cualquier forma organizada. Pero no, eligen conscientemente la opción delegar en otros su responsabilidad. Las cosas no ocurren sólo por la acción de agentes exógenos que lo joden todo.

La voluntad revolucionaria del proletariado no nace de la nada, de forma espontánea, por el mero hecho de ser una clase social. Los episodios revolucionarios de los años 30 en este país son la cristalización de decenas de años de trabajo larvado, militante, de la organización (otra vez en minúsculas) del proletariado. Y es fruto del hecho de estar organizado porque la voluntad no viene en los genes, ni nace por las condiciones materiales, ni aflora tras un hecho traumático, etc. Se forja, se desarrolla, crece. Aprendemos que podemos dar un paso, y nos animamos a dar dos. Descubrimos que se puede tomar una decisión en consenso y desarrollamos una fuerte alergia a obedecer lo que nos manden. Experienciamos el apoyo mutuo y descubrimos que la solidaridad no tiene sentido como sustantivo. Y así sucesivamente. Al margen de individualidades notables, que siempre las habrá, la mayoría de nosotros forjamos nuestra voluntad en la puesta en común con otros. Y la puesta en común con otros se manifiesta, casi siempre, organizándonos.

Para el proletariado español, en un momento dado, esta organización adopta un nombre concreto: CNT*. La CNT y su acción es el fruto de la acción de los que la componen. Y, por lo tanto, es la expresión de la voluntad de sus miembros. Y hubo (y hay) voluntades revolucionarias, voluntades reformistas y traidores. Por que el proletariado, lamentablemente, no es un ente homogéneo en que todos son revolucionarios. El análisis histórico que sitúe a la CNT como algo externo al proletariado y como causa exógena que lo traiciona y lo lleva al reformismo, presupone que el proletariado no es protagonista de la Historia, lo que en sí mismo es profundamente reaccionario. Pero, por encima de todo, no es creíble. Fue precisamente el estar organizado lo que permitió al proletariado estar más cerca que nunca de la revolución.

En la misma línea ideológica que aquí critico, unas semanas atrás, el 14 de septiembre, Jann Marc Rouillan protagonizó otra charla en el CS Sestaferia, también organizada por la Biblioteca Crimental. De entre todas las cosas que allí se dijeron me llamó poderosísimamente la atención una frase antológica del ponente: “Tenemos que buscar una forma de organizarnos sin organización”. Buena suerte compañero, pero qué pena que se pierda tanto tiempo buscándole tres pies al gato.

 

Juan, militante de las CNT

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Un pensamiento en “[opinión] Reflexiones sobre la organización

  1. Topo en dijo:

    Eestoy muy de acuerdo con lo que expones. A veces, olvidamos que el protelariado no es homogéno y que éste está formado por personas. Lo que hay que hacer es aprender de los errores para poder organizarnos mejor, y evitar dirigismos contrarios a nuestros intereses.

    Salud y anarquía!

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